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Running: calzado deportivo

Pantalón corto rojo con la cintilla amarilla, camiseta verde, con el dorsal once pegado a la camiseta. Así comenzaba el etíope Abebe Bikila la maratón en Roma en 1960. Las calles de la capital italiana vieron cómo ganaba la maratón, algo que tampoco tendría especial transcendencia sino fuera porque esta prueba la ganó descalzo.

De forma cuasi coetánea, en otras partes del mundo durante la década de los 60 se dieron diferentes circunstancias que cambiaron el mundo del calzado deportivo para siempre. En el estado Oregón (EE.UU.), Bill Bowerman creaba una suela de caucho en un molde de gofres. En otra parte del mundo, se creaba el primer par de zapatillas para correr con cierta amortiguación.

Ambos hechos, generan a posteriori marcas tan potentes como Nike y ASICS respectivamente. El resto, os lo podéis imaginar. Sólo un dato, la economía entorno al mercado del calzado deportivo rondará los 114.800 millones de dólares en 2022 (fuente: palco23.com)

Ilustración 1: Molde de gofre con el que Bowerman fabricó las primeras suelas para calzado deportivo. (nike.com)

En la misma línea que las dos entradas anteriores, la prevención será el hilo conductor de ésta. De tal forma, veremos que soporte nos da la ciencia en cuanto a la elección del calzado y la probabilidad de sufrir una lesión.

Ya vimos anteriormente como los corredores pensaban que una mala elección de calzado podía ser causante de una lesión (17). Este aspecto no es nuevo, ya en la década de los setenta la revista Runner’s World lanzaba a sus lectores dos encuestas entorno a las lesiones que sufrían (2).

Estas encuestas provocaron la creación de calzado en función de la forma del pie, lo que conllevaría años después el desarrollo de tres tipos de calzado pensados exclusivamente para correr: cushioning (para arco plantar pronunciado y pie rígido), stability (para un pie neutro); y, por último, motion-control (poco arco plantar con el objetivo de controlar la pronación) (2). A pesar de esta clasificación, no queda claro las diferencias de estos distintos modelos (14). Tanto es así que entre el calzado stability y el motion control, solo se encontró una media suela con un 15% de mayor dureza en las segundas (10).

Si ponemos el foco en el material de la media suela, la dureza de la misma va cambiando en función de los kilómetros que se le añadan al calzado. Se ha visto que aumenta la dureza un 17% entorno a los 480 km, aunque el corredor solo es capaz de percibirlo a partir de los 640 km (1). De todas maneras, la dureza de este material no está relacionado con la probabilidad de lesión, independientemente de la masa corporal del deportista (17). Posiblemente un cambio del patrón de la carrera se justifique como NO factor de lesión (16,17).

Retomando los tres tipos de calzado cushioning, stability y motion-control. La prescripción de estos en función de la forma de la planta de pie no ha demostrado ser exitoso en la prevención de lesiones (8,13). Aunque parece aconsejable, para aquellas personas que hayan sufrido lesiones relacionadas directamente con un pie con poco arco plantar, prescribir un calzado motion control (10)

Por tanto, se puede afirmar que el calzado tradicional no previene lesiones. Lo cual no quiere decir que cualquier alternativa nos sirva (12). Es lo que se conoce como falacia de la causalidad “Cum hoc ergo propter hoc”.

Una de las alternativas a este calzado tradicional surge tras la irrupción del libro “Nacidos para Correr” de Christophe McDougall (Ed. Debate, 2011). Del cual ya hicimos mención en la primera entrada. El calzado y la forma de correr característica de los Tarahumaras descrita por McDougall hace que el calzado minimalista resurja con muchísima fuerza.

Ilustración 2: La sandalia huarache es el calzado típico con el que corren los Tarahumaras

Este resurgir no deja indiferente al ámbito científico, por lo que también se han estudiado las diferentes características de éste. Una de las grandes controversias es la adaptación a este tipo de calzado tan distinto al tradicional. Por ello, se recomienda una transición gradual e individualizada guiada por un especialista (3, 4, 18).

Pese a las evidentes diferencias con el tradicional, este tipo de calzado no ha demostrado ser un aliado para prevenir lesiones (4).  Incluso se recomienda evitar su uso para aquellos deportistas con un peso corporal por encima de 85 kilos, o realizar más de 35km/semana con este tipo de calzado (4).

Un aspecto que también ha estado en entredicho en los últimos años son las adaptaciones a largo plazo. Está comprobado las grandes adaptaciones que provoca a corto-medio plazo de 8 semanas (5). Sin embargo, a los 6 meses estas adaptaciones no son tan diferentes a las desarrolladas con calzado tradicional (10), independientemente del drop utilizado (11). O también cómo las adaptaciones provocadas a medio término que pueden considerarse positivas para prevenir lesiones desaparecen en atletas con experiencia en el uso de este calzado (7).

Otras alternativas han surgido en los últimos años, como el calzado maximalista, las cuales no han demostrado ventaja biomecánica aumentando el impacto hacia el suelo en el contacto (9).

Ilustración 3: Amoeba. El calzado del futuro fabricado a partir de protocélulas (shameesaden.com)

En conclusión, no existe un calzado ideal que funcione directamente en la prevención de la lesión, pero si existe aquel calzado adecuado para cada persona. Aunque si hay otros aspectos como un buen entrenamiento, buena recuperación de la lesión, trabajo de fuerza, o el control del peso corporal; estos inciden directamente en la lesión. Esto tiene un gran inconveniente, necesitan de tiempo y trabajo por lo que es mucho más difícil que ir a una tienda y comprarse el último modelo de la marca deportiva favorita. “Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.”

N. del A. Esta entrada carece de cualquier tipo de interés. Detrás del mismo no hay ninguna marca deportiva que haya marcado la línea del desarrollo.


BIBLIOGRAFÍA:

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3 julio, 2019
AUTORES

Escrito por Alejandro Jimenez

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